
El 8 de septiembre Extremadura celebra su día. Apenas tres días después, el 11 de septiembre, Catalunya conmemora su Diada Nacional. Dos fechas muy próximas en el calendario y dos pueblos que, aunque geográficamente alejados, llevan décadas compartiendo una parte importante de su historia.
Este año, el president Salvador Illa ha querido dar un paso especialmente significativo: trasladar también la conmemoración de la Diada a Extremadura, con actos los días 16 y 17 de septiembre. No es solo una decisión institucional ni un gesto protocolario. Es, sobre todo, un reconocimiento.
Un reconocimiento a los miles de extremeños y extremeñas que durante décadas dejaron sus pueblos para buscar una vida mejor en Catalunya. Personas que llegaron para trabajar en la industria, en la construcción, en los servicios, en el campo o en tantos otros sectores. Personas que levantaron barrios, construyeron ciudades, crearon empresas, participaron en asociaciones, llevaron a sus hijos a nuestras escuelas y acabaron haciendo de Catalunya su hogar.
La Catalunya de hoy no se puede explicar sin todos ellos.
Durante demasiado tiempo, a veces hemos contado nuestra historia como si las identidades fueran compartimentos cerrados. Como si uno tuviera que elegir entre ser de un sitio o de otro. Pero la realidad de nuestro país demuestra exactamente lo contrario. Hay miles de catalanes que sienten como propia la Diada y que, al mismo tiempo, recuerdan con orgullo el pueblo extremeño, andaluz, gallego, aragonés o castellano del que procedían sus padres o sus abuelos.
Y eso no hace a Catalunya menos Catalunya. La hace más rica, más plural y más auténtica.
En El Vendrell conocemos muy bien esta realidad. Cerca de 10.000 vecinos y vecinas tienen algún vínculo con raíces extremeñas. Familias que forman parte inseparable de nuestra historia reciente y que han contribuido decisivamente al crecimiento social, económico y cultural del municipio.
Ese vínculo tiene, además, un nombre muy especial: Villagarcía de la Torre, municipio de Badajoz hermanado con El Vendrell desde 2005 y localidad de origen de muchas familias vendrellenses. Un hermanamiento que no nació de un despacho, sino de una realidad humana construida durante décadas entre personas, familias y generaciones.
Por eso, el gesto de Salvador Illa tiene un significado que va mucho más allá de una celebración concreta. Representa una determinada manera de entender Catalunya.
Una Catalunya segura de su identidad pero sin necesidad de levantar fronteras emocionales. Una Catalunya que reivindica su lengua, su cultura y sus instituciones, pero que también reconoce con gratitud a todos los que llegaron de fuera y ayudaron a construirla. Una Catalunya en la que nadie tenga que renunciar a una parte de su historia para sentirse plenamente catalán.
Frente a quienes han utilizado demasiadas veces las identidades para dividir, necesitamos volver a hablar de aquello que nos une: el trabajo compartido, los barrios que construimos juntos, las familias que mezclaron acentos y tradiciones, y una sociedad que avanzó precisamente porque supo incorporar a quienes llegaron.
El 8 de septiembre y el 11 de septiembre pueden ser, por tanto, mucho más que dos fechas próximas en el calendario. Pueden simbolizar una historia común.
Extremadura y Catalunya. Villagarcía de la Torre y El Vendrell. Dos tierras distintas, dos identidades plenamente legítimas y miles de historias personales que las unen.
Porque los países no se construyen preguntando de dónde viene cada uno. Se construyen preguntándonos qué futuro queremos construir juntos.
Baltasar Santos
Primer Secretario del PSC