
Últimamente hemos visto concentraciones vecinales y críticas de algunos políticos que denuncian las obras de transformación del riuet de Coma-ruga y reclaman la reapertura de la antigua bocana. Se critica la eliminación de los puentes que lo cruzaban y la demolición de los muros que lo canalizaban. Pero, antes de dejarnos llevar por la nostalgia del cemento, conviene entender por qué este proyecto es, precisamente, lo que el riuet necesitaba para sobrevivir y regenerarse.
El falso mito del riuet «de antes»
El riuet que conocíamos sufría una elevada antropización y una fuerte masificación. La plaza en forma de balsa y los muros que lo aprisionaban no eran su estado natural, sino una estructura rígida que ahogaba el ecosistema.
De hecho, la gran cantidad de algas que se acumulaban no era un fenómeno natural, sino la consecuencia directa de la acumulación de bañistas y de la falta de oxigenación del agua, lo mismo que produjo la muerte de cientos de patos en el torrente del Lluch hace unos años, o en el Parque de la Ciutadella de Barcelona. Al eliminar las estructuras duras y abrir el espacio, se consigue una mayor oxigenación; y no suframos por la balsa, ya que la naturaleza formará una de manera completamente natural.
La descanalización: una necesidad ecológica y legal
Más allá de Coma-ruga, la ciencia y la ingeniería fluvial actuales lo tienen claro: canalizar ríos es una solución obsoleta y perjudicial del pasado. Según la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea, es necesario devolver espacio y libertad a los ríos para garantizar su buen estado ecológico. Los cursos de agua naturales actúan como biorreactores, una especie de «riñones» del planeta capaces de asimilar y limpiar sustancias del entorno.
Manteniendo el riuet atrapado entre muros, le quitábamos esa capacidad vital. Esta intervención, avalada por el Plan de Sostenibilidad Turística y con fondos europeos, busca exactamente eso: recuperar su aspecto y función originales.
Agua más limpia y saludable
Uno de los grandes beneficios de estas obras que los críticos suelen obviar es la calidad del agua. El proyecto ha eliminado los colectores de aguas pluviales que, hasta ahora, desembocaban en la zona del riuet, poniendo en peligro el propio riuet. Esta es una medida fundamental para proteger las propiedades terapéuticas de un agua que fue declarada mineromedicinal en el año 1892, indicada para dolores articulares, procesos inflamatorios y patologías cutáneas.
Paciencia: dejemos actuar a la naturaleza
Es comprensible que los cambios estructurales generen recelo inicial. La eliminación de los puentes obligará a utilizar el paseo marítimo para cruzar de un lado al otro. En cuanto a la bocana por donde salen las aguas termales, el Ayuntamiento ya ha dicho que, una vez terminados los trabajos, se estudiará la posibilidad de hacer ajustes siempre que lo avale el Servicio de Costas.
En las próximas semanas se retirarán los restos de obra y, a partir de ahí, la clave será dejar que la naturaleza siga su curso. Salvar el riuet no significa proteger el hormigón que lo esclavizaba. Salvar el riuet de verdad significa devolverle su latido natural, y eso es lo que finalmente se está consiguiendo.
Basta de oportunistas.
El proyecto de renaturalización estuvo expuesto públicamente antes de su licitación. Ningún partido, ningún grupo municipal, ningún ciudadano empadronado o no empadronado dijo nada. Ahora todo el mundo exclama como los oportunistas que son.
Nos parece muy bien que la gente diga la suya, pero que nadie se apropie del riuet. El riuet es de todos y de todas, y no de quienes lo habían tomado como su manantial particular, incluso impidiendo que muchos vendrellenses y turistas pudieran ni siquiera acercarse. Precisamente, un efecto positivo de la renaturalización es que abre la posibilidad de que más personas puedan acceder a él y beneficiarse de las propiedades mineromedicinales de sus aguas.
Pero que digan la verdad: los mismos que en 2022 montaron la campaña «salvemos las palmeras», cuando nadie las amenazaba, son los que ahora quieren «salvar el riuet». Ya está bien, hombre, de tanto ruido y de campañas politizadas. Pensemos en el bien común, con bocana o sin bocana, con puente o sin puente.
Como dijo el alcalde, los primeros interesados y quienes hemos actuado para salvar el riuet somos nosotros.
Y añado: los primeros —y únicos— que hemos tomado medidas para garantizar la calidad del agua mineromedicinal somos nosotros. Quienes hemos hecho posible que personas con problemas de movilidad puedan disfrutar del riuet somos nosotros, cuando antes mucha gente no podía acceder a él porque unos pocos colapsaban la bocana como si fuera propiedad privada y porque la anchura del riuet, que era un canal, era estrecha. Quienes devolvemos el riuet a su estado natural somos nosotros.
Quienes, con las medidas adoptadas, garantizamos un riuet más saludable y más social somos nosotros. Y además estamos orgullosos de hacerlo, porque el riuet es, sobre todo, patrimonio de las vendrellenses y los vendrellenses, y no de quienes lo quieren de forma privativa. El riuet es uno de los tesoros de la costa catalana y hemos garantizado que así sea para siempre.
Baltasar Santos
Primer Secretario PSC El Vendrell
aixo es lo que la ha de entendre felicito molt bé explicat
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